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El viaje empieza de forma cercana y física. Selva cerrada, caminos largos y encuentros con gorilas que se viven a pocos metros. Uganda propone estar presente, moverse despacio y aceptar que no todo se controla. Después el cuerpo pide otra cosa… Zanzíbar aparece sin apuro: isla, mar y tiempo abierto. Un cierre para bajar el ritmo, ordenar lo vivido y dejar que el viaje se acomode solo.