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El encuentro con los gorilas marca el pulso del viaje.
Caminar en la selva, seguir huellas y estar a pocos metros, en silencio, es una experiencia que queda grabada más en el cuerpo que en la cabeza.
Alrededor de eso, Uganda se vive cercana y real: rutas, pueblos, selva y parques aparecen sin separación clara.
Nada está montado para el visitante.
La vida sigue mientras uno pasa, y el recorrido avanza de forma física, intensa y honesta.