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El viaje empieza caminando. Mercados activos, talleres abiertos, gente yendo y viniendo, escenas que cambian a cada paso. Marruecos se vive en el movimiento cotidiano, sin distancia entre el viajero y la vida real. Y cuando el ruido cede, aparece el desierto: silencio, horizonte abierto y noches que bajan el pulso. Un recorrido para mezclarse, observar y estar adentro.